Ahí te ves con el rostro más terso, esa carita define muy bien lo que sientes justo en este momento, qué buenos stickers compartes…no hay emoji que defina que tu privacidad y tus datos se encuentran en riesgo. Si en un inicio fueron una gran herramienta para expresarse y comunicarse mejor, así como para divertirnos, hoy los filtros para fotos y videos, así como los packs y/o apps de emojis y stickers podrían representar un riesgo en temas de robo de información e identidad digital en nuestro smartphone. ¿Lo sabías?

Uno de los focos más preocupantes está sobre WhatsApp, que tras haber integrado stickers nativos al inicio, dejó que la creatividad y la compatibilidad estuviera al alcance de todos…incluso de los hackers. Esto sin ejercer ningún tipo de control en términos de contenido, control o seguridad, y si bien las aplicaciones actuales no comprometen la aplicación de mensajería ya que solo añaden imágenes a la librería en formato PNG o WEBP, esta situación es muy distinta si nos referimos a las apps que contienen dichos stickers.

Con frecuencia sólo buscamos y deseamos el pack con nuestros gráficos de interés lo más pronto posible, por lo que la mayoría de las veces nos saltamos los disclaimers en torno a permisos, seguridad y confiabilidad del origen de dicha app. Sin embargo, no todas las aplicaciones tienen estos filtros, incluso algunas no poseen ni siquiera lo que ofrecen. Pero eso lo sabemos una vez que le hemos entregado nuestros datos. 

Lo primero que hay que hacer es verificar los permisos de dichas aplicaciones desde tres puntos clave: la ubicación, el acceso a nuestros contactos y el acceso a nuestros archivos. ¿Por qué? Muy sencillo: información sensible, fotografías privadas y nuestra red de amigos y familiares cercanos a merced de un tercero puede vulnerar nuestra seguridad de forma importante. 

De igual forma, desde 2018 Instagram ha venido restringiendo y vetando diversos filtros fotográficos, especialmente aquellos que tienen que ver con la realidad aumentada aplicada al cuerpo o el rostro y/o que representen o promuevan una apariencia semejante a una cirugía estética. Esto tanto por temas de seguridad alrededor de la identidad, como por las distintas preocupaciones e implicaciones de autoestima o de orden psicoemocional, que puedan perjudicar la salud mental de sus usuarios. Inyecciones en los labios, rellenos o estiramientos faciales hoy se encuentran entre los más censurados por la aplicación. 

Actualmente, incorporar un entramado extra de permisos innecesarios con el pretexto de obtener los mejores stickers y emojis a cambio, si bien no sorprende a nadie sí lo es el que la cantidad de incidencias ocurra de forma desproporcionada. Expertos en ciberseguridad argumentan que este es un problema que se puede salir de las manos en cualquier momento y escalar de forma notable, pasando de la vulnerabilidad personal a la corporativa, bancaria o incluso gubernamental.

Al ser tan laxa e indistinta la adición de filtros, stickers o emojis, esto permite la ausencia de permisos que la app en cuestión nos pueda pedir, dejando la puerta abierta a que muchas cosas puedan suceder en nuestro teléfono, desde anuncios no deseados, algoritmos invasivos, o incluso un ataque importante a nuestra ciberseguridad.