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Junto con nuestra huella digital, el rostro es uno de los rasgos distintivos naturales que nos dan singularidad y distinción frente a los demás. Por fortuna, aunque nos parezcamos mucho, ninguna cara es exactamente igual a las demás y eso ha venido a aliviar notoriamente los temas de identificación y seguridad, en cuanto a la tecnología se refiere. 

Así como con la retina, el iris, los patrones faciales e incluso las venas de la mano o la forma de tu mano, la biometría ha echado mano de aquellos rasgos físicos, biológicos y conductuales que te nos hacen únicos en el mundo, ayudando a distinguirnos, pero también a hacer de éste un mundo más seguro. Y si bien esta práctica comenzó apenas a finales del Siglo XIX se sabe que desde el Siglo XIV, antiguos comerciantes chinos imprimían en papel las manos y huellas de sus hijos, para localizarlos en caso de extravío o robo. 

Siglos después, la evolución biométrica se ha encontrado con la tecnología y sus pasos más innovadores: sensores, procesadores de datos e incluso neurociencia han estado presentes en la identificación de personas con temas de seguridad, llegando a nuestro día a día más inmediato y cotidiano. 

En esta historia, el reconocimiento facial es quizás uno de los mecanismos más ansiados, sorprendentes y seguros, que hasta hace algunas décadas sólo sabíamos que existía, o bien en las películas de corte futurista o en los laboratorios de alta seguridad. Pero hoy ya es una realidad recurrente en los dispositivos móviles

Woodrow Wilson Bledsoe, destacado informático inglés es el padre y creador de esta tecnología nacida en 1960, quien a través de un registro de rasgos faciales conocida como tabla RAND y gracias a un lápiz óptico y coordenadas para situar los ojos, nariz y boca de las personas de forma precisa, pero mediante un procedimiento completamente arcaico y manual.

Contrario a la identificación de contraseñas, la verificación para cerciorarnos que no eres un robot, e incluso las selfies o las imágenes, el reconocimiento facial usa modelos matemáticos únicos y dinámicos para ser mucho más seguros y eficaces. 

Con la llegada del reconocimiento facial a los dispositivos móviles en 2013, el acceso vía patrón PIN o huella digital tiene un nuevo aliado, que además abre un umbral de posibilidades digitales cómodas y mucho más seguras que nunca, tales como acceso a servicios online o apps sin necesidad de passwords, entrada a oficinas, eventos o instalaciones, usarlo como método de pago, tanto en tiendas físicas como online, y por supuesto como mecanismo de acceso a un dispositivo bloqueado, check-in en servicios aeropuertos y hoteles, etc. 

Resulta increíble pensar que hoy, la seguridad tecnológica está siendo aún más personalizada. 

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