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En el pasado lo dijeron sobre la televisión: “¡es mala influencia, los niños pasan mucho tiempo, leen menos!” Posteriormente vino la educación por televisión. Después, el internet: “ya nadie investiga, sólo usan Wikipedia” Luego llegaron las clases remotas. De igual forma, los videojuegos y los smartphones han sido argumentos poco probados de distracción frente al aprendizaje. 

Por el contrario, los formatos clásicos sí han demostrado una baja en su eficacia, en tanto las nuevas generaciones, nativos digitales, contrastan el aula y la enseñanza directa con todas las cosas que pueden ver y aprender en un día desde cualquier dispositivo móvil. Las escuelas han tenido que actualizarse. 

Hoy, la educación se escribe en otros términos, uno que cruza niveles de lectura, aprendizaje, formas más dinámicas y un sinfín de estilos adecuados a personalidades distintas. Los tiempos han cambiado. 

Herramientas como simuladores, ejercicios de entrenamiento y softwares didácticos para aprendizajes en específico han dado resultados asombrosos, pero aún es muy temprano como para pensar en suplantar la universidad por el conocimiento autodidacta, en tanto la unificación, temarios y programas básicos siguen siendo una necesidad fundamental para que los más pequeños puedan adentrarse al mundo de forma eficaz. 

Para el estudioso Henríquez, González y Organista de la Universidad Complutense de Madrid, algunos usos en contextos educativos se orientan hacia el uso de redes sociales para debatir ideas, intercambio de información y conformación de grupos de trabajo, lo cual resulta conveniente, sobre todos en edades tempranas en donde la ausencia de imposición de tareas y reglas procura un enfoque e involucramiento mayor por parte del alumno. 

El principal tema de preocupación de la pedagogía en esta discusión es que no importa tanto el soporte tecnológico, como el método en sí, ya que si bien existen estudiantes y docentes que disponen de múltiples tecnologías que han sido una fuente inagotable de aprendizaje, principalmente nuestro smartphone, lo que hace que éstas surjan innovadoras y habilidades digitales para el manejo de información disponible en internet, es la aplicación pedagógica y didácticas efectiva, así como la adopción de nuevas aplicaciones que permitan la organización y la clasificación de la información. 

Para muchos expertos, esto es cuestión de tiempo, tiempo para que nuestro teléfono nos ayude aún más al desarrollo de habilidades de síntesis, análisis, deducción, argumentación y toma de decisiones. Los videojuegos ya han sabido ganarse su lugar en esta batalla, la cual luce más como una brecha generacional y de acceso, que un conflicto educativo en sí mismo. 

Algunos beneficios claros de nuestro Motorola de cara a un nuevo aprendizaje, son: 

– Nos permite hacer simulaciones, cálculos, captura de datos e información, redacción de notas rápidas, consultas de fuentes y diferentes tipos de registros, así como controlar dispositivos y efectuar operaciones, todo de forma inmediata y desde cualquier lugar.

– Nos deja aprender a nuestra manera, al ritmo que necesitamos y de la forma que más nos agrade, adaptando el aprendizaje a nuestras necesidades más personales. 

– La evaluación y la retroalimentación es más grande y eficiente, puesto que los indicadores de progreso son mayores y focalizados. Un ejemplo: recoger respuestas al momento de los alumnos sobre un determinado tema o  hacer uso de aplicaciones que mejoren la forma en la que resolvemos problemas, paso a paso, es ya una realidad. 

– Se pueden cerrar brechas incluso frente a un escenario de alumnos con necesidades educativas especiales, gracias a los contenidos multimedia.

Ahora sí, bienvenidos al futuro, la clase ha comenzado

 

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